Pi piiiii!!!

Marzo 20, 2007 at 5:33 pm (Al volante)

Pi piiii!!!

Viernes a golpe de 6:30 de la tarde. No se de dónde mierda salió tanto carro. Estoy metido en una verga que parece la lengua del diablo. La calle es larga y no se ve el pavimento, lo único que se ve son carros y carros y más carros. Parece que todos los carros del mundo se los trajeron pa esta mierda. La vaina está jodida pero hasta el perro tiene carro y lo peor es que sale a lucirlo. Cojan el metro nojoda!!! La cola no se mueve sino unos diez centímetros cada media hora. El pie se me duerme por tanta inactividad y en la radio hay una pila e mamagüevos que lo único que hablan es de política. Nojoda los programas de política debieran pasarlos a las 3 de la mañana. Pero a las 6:30 debieran poner unas carajitas a hablar de sexo o cualquier otra vaina que haga que uno se olvide de la cola de mierda en la que está metido.

Y nunca falta el coñuesumadre que anuncia su coñuemadrismo con el clásico Pi piiiii!!! de una corneta que parece a Celin Dion cantando la mierda esa de Titanic. Se pega pegaito y le da aquel coñazo a la corneta. Maldito el día en que se me dañó el aire y maldita la peladera e bolas que no me dejará arreglarlo hasta dentro de unos ocho años más o menos. Si ahorro. El hijueputa se pega porque cree que me va a asustar con esa mierda. Y dale con la corneta. Pi piiiii!!! Pi piiiii!!! Pero bueno qué mierda cree este coñuesumadre??? que el que dispuso los carros en plan de mojón en cañería fui yo? Para qué coño me suena la corneta?

Si tú eres uno de esos hijueputas que orgasman tocando corneta déjame decirte un par de vainas. La primera es que por mucho que toques esa mierda la cola no se va a mover. Por situaciones como esta es que existen dichos tan rechupabolas como “tiempo al tiempo”. O sea espérate coño. Algún día la cola se mueve y tú llegas a tu casa o al antro ese donde vas a tomarte las cervezas. Pero no me jodas. La segunda es que si no te gustan las colas bueno marico, múdate a la sierra.

Ah y te voy a decir otra vaina: el grandísimo coñuetumadre.

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Carajitos

Marzo 14, 2007 at 7:10 am (Gente)

La única verdad que vale la pena defender en este mundo es que los carajitos de uno son más de pinga que el coño. Nunca se meten con nadie y si lo hacen es en defensa propia. Si en los estudios van escoñetaos es porque la maestra es una incapaz y además la tiene cogida con ellos. Si son escandalosos qué pasa, ¿no son unos carajitos? Para ser carajito hay que ser escandaloso.

Eso sí que no me jodan los carajitos de otro. Cada quien que cuide a su muchacho. Si me da arrechera algo que haga un hijo mío, bueno no sé, mala leche, ese es mi hijo como diría Vicente Fernández. Carajito que quiera echar vaina váyase por una de dos: o vaya a joder a alguien de su tamaño o vaya a joder a su madre.

El otro día en la playa tuve un peo con una vieja coñuemadre. Verga es que yo lo último que pienso cuando voy a la playa es en bañarme. Yo agarro mi periódico cuelgo mi hamaca y mando a los carajitos pal coño. La mujer se pone a leer sus revistas en una silla de extensión al lado de la cava y queda encargada del departamento de cervezas y panes. Verga cómo lees la prensa con los lentes oscuros, me pregunta mientras me pasa otra birra, y yo le digo que me molesta el sol pero hecho el güevón lo que estoy es viendo los culos que pasan.

En eso llegó un coñuemadrito como de siete años y me tropieza un hombro. Me volteo pero antes de que pueda decir algo viene otro y empuja al primero. El muchacho cae sentao e culo y con la cabeza me da otra vez pero en la espalda. Les digo mira vayan a jugar para allá y señalo un punto perdido en el infinito. Los carajitos me miran y ni bola no responden una mierda.

Total que me acuesto otra vez y, cuando ya tengo fichados como diecisiete culos buenos en los alrededores, vuelve la misma vaina. Primero me cae uno y después el otro. Saco la mano por encima del borde de la hamaca y le doy un toquecito con el dedo en la cabeza a uno de los monos. Le hago señas que se vaya pa donde su mamá y se van los dos.

Luego veo la hora y le digo a la mujer que ya vengo. Me voy pa la playa y cuando paso al lado de los míos los llamo. Les digo: vayan saliendo dentro de un ratico que vamos a comer. Me echo un baño, echo una miaíta, me buceo unos culos y regreso a la hamaca. Ya la mujer como buen cronómetro que es tiene los panes hechos. Llegan los chamos, comemos y les digo: mira no se pueden meter al mar acabados de comer, pónganse a jugar ahí, y los pongo a jugar con tierra y unas palas y unos tobitos pero realmente están haciendo de barrera entre los coñuemadritos aquellos y yo.

Era cuestión de tiempo. Yo soy un carajo normal, yo respeto a la gente y no me meto en peos, pero el carajito mío es una mierda. Y además como es un carajito no tiene que estar con vainas. En lo que le cayó el primer carajito le clavó una patá puel culo que yo creí que le iba a dejar enterrada la chancleta. Ahí sí se paró la vieja de mierda mamá de los coñuemadritos y vino a querer formarme un peo.

Yo me limité a decirle: mis carajitos nunca se meten con nadie y si lo hacen es en defensa propia. Y peo resuelto: la mujer se llevó a sus muchachos y pude seguir buceándome tranquilo a media playa. Nojoda.

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Testigos de Jehová

Marzo 12, 2007 at 7:57 pm (Gente)

Verga llega el fin de semana y es como si llegara Papa Dios. Claro un Papa Dios en forma de hamaca, con olor a parrilla y sabor a caña. La vaina arranca el viernes cuando uno va y se cae a palos con aquel coñazo de panas y culos. El sábado si uno tiene suerte también consigue dónde echar un pie y jalar caña. Y llega el domingo y uno se echa como un babo a leer el periódico y a ver películas repetidas.

Hasta que llegan los testigos de Jehová. El coñuesumadre. Uno no sabe de dónde salen pero ahí están. Un coñazo de gente de todas las edades y colores, vestidos como pa sacarse la cédula y con unos paragüitas para resguardarse del sol vergatario de un domingo a las 10 de la mañana. Si te agarran desprevenido no hallas cómo sacártelos de encima. Cualquier vaina que digas puede ser usada en tu contra. Si les dices que no tienes tiempo, te dicen que es un ratico y que al fin y al cabo siempre hay tiempo para escuchar la buena nueva. Si les dices que eres católico, te dicen que bueno, no hay peo, ellos no quieren sacarte de tu religión ni imponerte la de ellos. No mentira. Si les dices que no te has bañado, te dicen que Jehová no le para bolas a esa vaina.

Y todo para que les compres una revista. Que de paso uno pudiera pensar, bueno, de pinga, con el dinero de las revistas estos carajos pueden hacer alguna vaina buena, pero embuste, todo se lo echan encima los hijos de puta. Verga esos carajos han construido ciudades enteras. Es que nada más lo que le pagan a los artistas arrechísimos que diseñan sus revistas ya debe ser suficiente para comprarse una mansión como la de Bruno Díaz.

Yo ahora simplemente no les abro la puerta. Pero antes me dejaba llevar por la arrechera y les abría y trataba de rebatirles su vaina. Una vez para probar les dije que era ateo y me salieron con que la buena nueva es para todos, incluso para los ateos. La vez que decidí dejar de abrirles fue cuando les dije que sí que pasaran porque necesitaba hablar con alguien. Yo estaba solo en la casa porque si hubiera estado la mujer ni de vaina. Los carajos se mostraron interesados y pasaron. Eso sí son más respetuosos que el coño. Ni agua me pidieron.

Eran una vieja y un carajito como de veinte años. Los senté en la salita y les eché mi cuento. Les dije que tenía problemas de adaptabilidad social. Me miraban con una expresión que triple contra sencillo la aprendieron viendo las películas mariconas del Hallmark. Seguí con mi vaina. Les dije que la gente por lo general me producía repugnancia y les pregunté si, dado que ellos venían a traerme la buena nueva, podía yo considerarlos mis confesores. Ni les di chance a que me respondieran y les dije que hacía una semana había matado a mi mujer y la había enterrado a un costado de la carretera. Los carajos ni se inmutaron. Me dijeron que para gente como yo también había espacio en los frondosos brazos de Jehová. Agregué que tres días antes mi suegra se había dado cuenta de mi primer crimen y también la había matado. Nada. Dije que la noche anterior había matado a mi cuñado, que estaba con una preguntadera así como que sospechaba, y tampoco me pararon bolas, simplemente me preguntaron si me interesaba reunirme con ellos, que ellos me ayudarían con “mi problema”. Terminé comprándoles una revista y así fue como se fueron pal coño.

Desde entonces no les abro la puerta. Si cuando llegaron estaba hablando con mi mujer, sigo hablando para que sepan que hay gente. Supongo que lo hago en la vana esperanza de que los carajos se arrechen. Pero no, jamás se arrechan. De hecho ya no sé si no les abro porque me da arrechera, o porque me da culillo que sean capaces de calarse a un asesino en serie sólo para venderle una revistica.

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No me vendas un coño

Marzo 11, 2007 at 9:47 am (Gente)

Fumar es un vicio pajúo pero ese es mi vicio. ¿Cuál es el peo? ¿Que esa mierda me va a joder los pulmones? Seguro me muero de un infarto cogiendo una arrechera antes de que se me ennegrezcan los cabrones esos.

La vaina de fumar es que es más fácil conseguir una caja de cigarros que una de chicles. Así quién coño va a dejar de fumar. Para donde voltees hay un hijo de puta vendiendo cigarros de esos Marines de a tres por locha. Es más, no tienes cigarros, no importa, siempre hay un coño de madre que se las quiere dar de samaritano solidario y te regala uno.

Ayer me metí en una arepera y no iba a comer. Es que aquí no venden cigarros en las farmacias de vaina. Entré sin saber si vendían cigarros, pero lógicamente lo primero que vi fue la vaina esa donde meten las cajas de todas las marcas habidas y por haber. De pinga, saco mi billete y espero que me atiendan.

Había un carajo en la cocina pasando coleto que me vio y siguió pasando coleto. En una esquina del mostrador estaba un culo. Buena la carajo. En una de las mesitas estaba un gordo comiéndose una mierda que de seguro era de chicharrón con pelos. Pero no había un solo mamagüevo que viniera a atenderme.

Hasta que salió un carajo también de la cocina, pero ni me vio. Fue directo hasta donde estaba el culo. Pensé que iba a atenderla pero no, era que se conocían y parece que habían dejado una conversación a mitad de camino. Conversación que rápidamente pasó a nivel de tocadera y el carajo sobando a su culo ridículamente inclinado sobre el mostrador. Y la abrazaba.

A mí esa vaina me enternece así que no dije nada. Seguí esperando porque seguro que en cualquier momento me atendían. Pero coño, hasta la ternura tiene un límite. Empecé a mirar hacia la parejita que reía y hablaba la paja hereje. Lancé un silbido. Nada. Me saqué el llavero y di dos golpes en el mostrador. Nada. Pero yo muy discreto, no iba a interrumpir el sobamiento de hombros que tenía el carajo con el culo.

Así que agarré mi billete, lo metí en la cartera, maldije a la madre que parió al hijo de puta que no me atendía y me fui. Cuando iba saliendo, ahí sí, el hijo de puta me pega ese grito:

-¡Señor, señor, venga que lo atiendo, dígame qué quería!

Pude decirle que lo que quería era amarrarlo con alambre de púa, sentarlo en la plancha y echarle una ladilla en los sobacos mientras me ponía yo a sobar al culo y a abrazarlo y a meterle mano, pero era una carajita y además era muy linda y ella no tenía la culpa. Así que le dije simplemente:

-¡No me vendas un coño!

Y me fui pal coño.

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Perros

Marzo 9, 2007 at 12:45 pm (Situaciones)

Perros

De carajito teníamos un perro en casa. Se llamaba Bimbo. Como los panes. Era una lacra que pasaba todo el día pegándole la nariz a uno en las piernas y llenándoselas de mocos. Vivíamos en una casa con jardín y nunca faltaba el coñuemadrito que pasaba por ahí dándole a la reja con alguna vaina, lo que bastaba para que el hijo de perra ladrara como si se estuviera metiendo una turba de malandros en la casa.

Eso era a toda hora, en la mañana, al mediodía, en la noche. Dígame en la noche. Algún coñuemadre salía de meterle mano a la jeva y los pasos en la acera despertaban al animal, que se ponía a gritar como loco. Verga cómo ladraba. No ladraba guau sino una vaina como tras tras tras tras y esa vaina a todo volumen. Hijo de puta.

Yo creo que esa vaina me traumó. Ahora no puedo ver un perro sin que me entren ganas de patearle el hocico y sacarle las cuerdas vocales a coñazos. Un sueño recurrente que sueño por lo menos una vez al mes es que un perro me persigue y yo cagao de las risas tranco una puerta justo antes de que el desgraciado me alcance. Siempre abro la puerta y veo al animal llorando con un ojo volteado y el hocico aplastado.

No sé de dónde le viene la fama de inteligentes a estos animales de mierda. El perro al que más arrechera le tengo ahora es el de mi suegra. Se llama Puppy. O sea cachorro. A mi suegra se le fundió el cerebro con el nombrecito y además la muy burra lo pronuncia como lo escribe, “pupy”. ¿Inteligentes? Hace como cinco años que le hago desprecios y el muy imbécil cuando vamos a visitar a la vieja siempre es el primero que sale a mover la cola y a tirárseme encima. Si esa lacra tuviera un pelito de inteligente hace tiempo que correría a esconderse cuando yo llego.

Los perros son unos animales de mierda. Los grandes te pueden sacar las bolas de un mordisco. Los pequeños no muerden pero son una mierda escandalosa. Y esa mariquera de estar meneando el culo cuando lo ven a uno. Cuando repartan los números de la extinción total, quiero que todos se los den a esos animales. Que no quede ni uno, porque ese es el que me va a joder la vida a mí.

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