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Sentido de orientación

Publicado: 29 abril, 2007 en Al volante

Yo tengo un sentido de orientación arrechísimo. Verga yo debí ser gato en una vida pasada porque a mí tú me sueltas en Timbuctú y de alguna manera yo salgo del peo. Mi mujer siempre se queda sorprendida de lo arrecho que soy para llegar a los mejores hoteles, restaurantes y demás santuarios del turismo nacional cuando nos vamos de vacaciones, simplemente parándole bolas a los avisos en la carretera y poniéndole un poco de sesera a la vaina. Y claro coño uno que también lee que jode.

Eso sí nojoda. No me pongas a manejar rascao si estoy a más de dos kilómetros de mi casa. Ahí sí es verdad que estamos en un peo.

Tengo un pana al que le llamamos el Corroncho por las marcas que le quedaron en la cara de un acné trancao de cuando era carajito. Bueno ese es el caso contrario. El carajo se pierde hasta en su casa. Lo arrecho es que no admite la vaina. Él va palante. Coño que es por aquí, dice siempre. Y siempre la caga.

Bueno un día viene el Corroncho y me dice: Adalberto, vámonos el domingo pa Aragua que voy a negociar una finca que queremos comprar mis hermanos y yo. Dejamos a los respectivos carajitos con las correspondientes abuelas, agarramos a las mujeres y nos lanzamos en aquel viaje a lo desconocido. La vaina era en San Sebastián que es un pueblo que para llegar hay que coger la autopista hasta La Encrucijada de Turmero, seguir la carretera vieja por Villa de Cura vía a San Juan de los Morros y después de haber salido de Aragua y haber entrado en Guárico, se entra otra vez a Aragua para llegarle al pueblo ese. O sea, un maratón de la quinta mierda. Eso sí, el viaje vale la pena, todo de pinguita y después de que sales de la autopista aquella vaina parece la campiña francesa pero versión selva caribe. Y coño como nos llevamos a las mujeres la vaina nos sirvió pa anotarnos unos punticos ahí. Todo de pinga. Llegamos al sitio, hablamos con un carajo que era el encargado de la finca y nos pusimos a recorrer aquella vaina. Comimos carne en vara y jugamos bolas criollas.

El peo es que nos rascamos. Por un lado los puntos que nos habíamos anotado se quedaron en una licorería donde el Corroncho se puso a buscale peos a un lugareño. Las mujeres empezaron con aquella ladilla que si ustedes no pueden andar sino es tomando y vainas así. Por otro lado, estando yo rascao y en compañía del bruto del Corroncho, el regreso iba a ser un peo. Perdido mi sentido de la orientación lo habíamos perdido todo. Pero de pinga, vamos a echarle bolas dije yo. Y qué más coño podía decir, si al día siguiente tenía que trabajar y no podía ni pensar en quedarnos en un hotel.

Yo lo único que me acordaba era de que tenía que atravesar San Juan de los Morros para volver a entrar a Aragua por Villa de Cura y salir a la autopista. Si llegaba a la autopista estábamos salvados. Pero entonces en medio de la vía me encuentro con una maldita “Y” en la carretera y le pregunto al Corroncho: Corroncho, pa dónde cojo? Y el coñuesumadre ese se había dormido y le tenía la blusa babeada a la mujer de él. Mamagüevo, pa lo que te necesito, fue lo que pensé yo.

En la “Y” había una bomba y me bajé a preguntarle al carajito que atiende. “Pana, cómo hago pa llegá a San Juan?”. Me dice que siga por la vía de la izquierda y de pinga, me monto en el carro y arranco. Me pongo en mute mientras la mujer forma aquel peo que si la tomadera que si la jugadera’e bolas que si el alambre pa’hacerme la raya’el culo. Plasta de mierda, agradece que te saqué y que te liberé de los carajitos por un día. Claro eso lo pensaba, nojoda, ni de vaina dije ni pío, no iba a perder más puntaje del que ya había perdido.

Pasamos por unas calles llenas de casas viejas y volvimos a la carretera. Ya a golpe de 5 de la tarde. Y aquella vaina se alarga y se alarga y yo veo que nada que llegamos a Villa de Cura. Me hago el güevón porque si hablo la mujer me cae a coñazos. Pero la carretera era larga y sooola aquella vaina, y no se parecía en nada a la del viaje de ida. Después de quién sabe cuánto tiempo veo un cartel que dice: “Bienvenidos a Ortiz” y digo Mierda! Y no había terminado de decirlo cuando siento aquel sopapo en la nuca y escucho a mi mujer arrecha preguntándome cómo coño llegamos a Ortiz si íbamos para Villa de Cura.

Bueno me doy la vuelta y arranco con la intención de llegar a la “Y” para meterme por la vía de la derecha y de paso escupirle un ojo al coñuesumadre de la bomba que me jodió. Y justo cuando enfilo de regreso siento un fogonazo y apuño los ojos esperando el coñazo: TRUTRUUUNNNN se escucha un trueno tan arrecho que parecía que Dios se había atragantao de caraotas con huevo. Y empieza aquel palo de agua.

Dos kilómetros más tarde el palo de agua tiene acaparada la visibilidad. A lo lejos diviso unas luces y estúpidamente pienso en medio de mi pea: Ojalá que sea un pueblo ojalá que sea un pueblo ojalá que sea un pueblo. Pero no, de bolas que no era un pueblo sino una cola de mierda. Una hora nos mamamos en esa cola debajo de aquel palo de agua. Y yo decía: bueno pero por qué la gente no sale de la carretera si esta mierda es puro llano. La razón era que un mamagüevo había chocado justo en el puente que pasaba por el único río que había a 60 kilómetros a la redonda.

En eso se despierta el Corroncho y me pregunta: “Adalberto ya llegamos?”. Y voy y le digo: “Nojoda, Corroncho… ¡el grandísimo coñoetumadre!”

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Pi piiiii!!!

Publicado: 20 marzo, 2007 en Al volante

Pi piiii!!!

Viernes a golpe de 6:30 de la tarde. No se de dónde mierda salió tanto carro. Estoy metido en una verga que parece la lengua del diablo. La calle es larga y no se ve el pavimento, lo único que se ve son carros y carros y más carros. Parece que todos los carros del mundo se los trajeron pa esta mierda. La vaina está jodida pero hasta el perro tiene carro y lo peor es que sale a lucirlo. Cojan el metro nojoda!!! La cola no se mueve sino unos diez centímetros cada media hora. El pie se me duerme por tanta inactividad y en la radio hay una pila e mamagüevos que lo único que hablan es de política. Nojoda los programas de política debieran pasarlos a las 3 de la mañana. Pero a las 6:30 debieran poner unas carajitas a hablar de sexo o cualquier otra vaina que haga que uno se olvide de la cola de mierda en la que está metido.

Y nunca falta el coñuesumadre que anuncia su coñuemadrismo con el clásico Pi piiiii!!! de una corneta que parece a Celin Dion cantando la mierda esa de Titanic. Se pega pegaito y le da aquel coñazo a la corneta. Maldito el día en que se me dañó el aire y maldita la peladera e bolas que no me dejará arreglarlo hasta dentro de unos ocho años más o menos. Si ahorro. El hijueputa se pega porque cree que me va a asustar con esa mierda. Y dale con la corneta. Pi piiiii!!! Pi piiiii!!! Pero bueno qué mierda cree este coñuesumadre??? que el que dispuso los carros en plan de mojón en cañería fui yo? Para qué coño me suena la corneta?

Si tú eres uno de esos hijueputas que orgasman tocando corneta déjame decirte un par de vainas. La primera es que por mucho que toques esa mierda la cola no se va a mover. Por situaciones como esta es que existen dichos tan rechupabolas como “tiempo al tiempo”. O sea espérate coño. Algún día la cola se mueve y tú llegas a tu casa o al antro ese donde vas a tomarte las cervezas. Pero no me jodas. La segunda es que si no te gustan las colas bueno marico, múdate a la sierra.

Ah y te voy a decir otra vaina: el grandísimo coñuetumadre.